Juré no contarlo
October 24, 2008
In between (imágen de uno de los tres vídeos). Usoa Areitio, 2008.
“Juré no contarlo.
Es curioso lo que el tiempo y la ausencia han ido arrancando de mi memoria. No entiendo como, aún hoy, recuerdo aquel deslumbrante sol mintiendo, en la fría mañana de mi adolescencia.
Mi vida había transcurrido leve como un minuto en un rincón eterno. Me obsesionaba escuchar cómo mis latidos se acumulaban al ritmo, dándose paso. Por eso vino. En aquellos días ya tenía borroso cuando perdí el concepto de las personas, cuando dejé de buscar la razón.
He pasado años intentando comprender qué era ese ser. No era nada y lo era todo, en sus frases oníricas me perdí sin tener conciencia. Pero era real, siempre lo supe.
Me era extrañamente familiar, sus palabras cayeron lentas sobre la atmósfera inmóvil. Dijo que era demasiado joven para conocer el vacío, que no era posible, que debía ser castigada. No pude evitar una inquieta sonrisa ante la idea del dolor, ya que eso rondaba mi mente a todas horas. Pero no tuvo nada que ver, me hizo saber que no moriría, que desde aquel instante era inmortal. Un escalofrío heló mi alma.
Poco a poco, volvieron a tomar forma los objetos a mi alrededor; a lo lejos brillaba algo parecido a un cristal, casi no lo vi en mi muñeca. No iba a morir. Una sombra frenética gritaba mi nombre pero yo ya estaba muy lejos.
A la mañana siguiente, desperté en un hospital con la certeza de no haber estado soñando.
Llevo veintitrés años encerrada por contarlo, juré no hacerlo pero dijeron que me ayudarían, aunque sé que nadie puede. Veo la sonrisa en sus necios ojos al preguntarme la razón de dañarme siendo inmortal; no comprenden que es la única manera de notarme. Sentir cómo cae caliente hasta el codo, casi me da paz.
Hay veces en las que mi claustrofobia es tal, que estiro mis manos para poder salir… Jamás lo haré, nunca moriré.
Están llegando nubes, me quedaré en el jardín hasta calar mis huesos. La lluvia borrará estas letras y quizá consiga llorar”.
Este cuento lo escribí hace más de 6 años con un poco de ayuda de Borges, pero ahora, releyéndolo, no creo que le deba más que a la persona que me enseñó a leer. Es mi primer relato (y casi el último) y ya que tengo un espacio y llegué tarde a aquél concurso de relatos adolescentes de la biblioteca de mi barrio, me apetecía mucho publicarlo.


