Lo primero que haré cuando sea directora de un museo
January 11, 2009Lo primero que haré cuando sea directora de un museo, no será organizar exposiciones con los mejores artistas del mundo, ni con los mejores comisarios. Tampoco será lo primero renovar el discurso expositivo rancio del anterior director con concursos y comunicación. No apostaré, primeramente, por artistas más jóvenes de entornos menos valorados por el mercado del arte. No intentaré cambiar la manera parcial o inexistente que tiene la gran mayoría de entender el arte contemporáneo, ni haré una obra social-educativa con los universitarios de Bellas Artes. Al llegar, no organizaré elocuentes conferencias de esas que te trastocan no sólo la percepción del arte, sino del mundo. Nada de todo eso.
Lo primero que haré será hablar con la empresa de auxiliares de sala. Mi tono será firme y pausado, aunque no me importará levantar la voz cuando lo considere preciso. Les explicaré que en mi museo no entrará ni una sola obra de arte, y menos de esas que hablan sobre injusticias o que tocan temas feministas o de género, hasta que cambien completamente su gestión. Que no se equivoquen, que mi museo no es de esos. Las auxiliares llevarán pantalones y jamás tacones ya que tienen que estar 8 horas de pie (creo que es de cajón). No veré a nadie llorar de fiebre en su puesto de trabajo por miedo a que le despidan. Tendrán compañeros hombres y los días de frío, cuando la calefacción no pueda con los inmensos espacios, o se cierra el museo o se ponen el abrigo más gordo que tengan. Y si viene el supervisor, y las ve con plumas y guantes, en cuanto empiece su inmundo discurso denigrante, le pararé yo. Al verme, me dedicará la sonrisa más falsa que en ese microsegundo consiga forzar y cambiará su tono por uno mucho más agudo, con los ojos mucho más achinados. Le diré, delante de las auxiliares, “se quedan como están. Quiero hablar con tu superior”.
Porque soy la directora.