Unas cosas y otras

Beautiful Losers

January 2, 2009
Entrada de las categorías arte, exposiciones

Exposición Beautiful Losers
La Casa Encendida, hasta el 4 de enero.

A los 10 años me caí de espaldas patinando y me rompí la muñeca, a consecuencia de aquello me da miedo todo tipo de deslizamiento vertiginoso. Cumplo casi todas las normas cívicas y se puede decir que soy esa clase de persona que quizá en otro tiempo hubiera llevado monóculo. Pues bien, el otro día tuve la oportunidad de contemplar una exposición de Skaters y grafiteros, y no precisamente en un gueto o callejón oscuro. Supongo que cuando hace frío en Madrid “La Casa Encendida” es una opción inconsciente a tener en cuenta, aunque sólo sea por su nombre. Un chaval con su patín obtenía información, como lo hacía yo, en el pulcro mostrador de la entrada; era extraño.

Beautiful Losers contiene una contundente exposición de numerosos artistas etiquetados en la amplia denominación de “artistas urbanos”. Por supuesto, las distintas salas en las que se reparten las obras cumplen su función de descontextualizarlas o de administrarlas ese olor a formol o a disección que imprimen las intituciones artísticas al 90% del arte actual, lo que impide ver con claridad las diferentes piezas. Incluso la idea del “Skatepark Beautiful Losers”, esas rampas de acceso libre a los skaters ubicada en el patio, se tranformaba aquí en una inmensa pecera para la taciturna contemplación de las acrobacias ajenas. Bonita metáfora, el espectador y el skater separados por un enorme cristal. Al intentar comentar las obras allí expuestas, adjetivos como rebelde o espontáneo me vienen a la mente pero son rápidamente rechazadas por absurdas al estar dispuestas en paredes blancas y espacios perfectamente estudiados. Por ello esta exposición se considera más de documentación; las obras hablan de esa realidad sin tocarla en lo más mínimo y ni siquiera los skaters desafiando la gravedad pueden ocultarme esta obviedad. Aunque no hay que olvidar que la sensación de decorado es propia de la esencia ficcional del arte y está presente, en mayor o menor medida, en cada una de sus materializaciones.

Aparte de esa descontextualización insalvable, las obras contienen parte de lo que entiendo como esencia suburbana. Y los calificativos anteriormente desechados, son intercambiados por una idea que rondaba mi mente, pero nunca hasta la exposición había reflexionado conscientemente; se trata de la inocencia. El recorrido me hizo comprender que esas palabrotas rapeadas o pintadas en paredes ajenas, esas fotografías donde el riesgo, la música y el sexo se convierten en primordiales, desprenden una ingenuidad bella, que desactiva toda la dureza de carácter que aparentan esas miradas desafiantes.

Al principio comentaba lo alejada que me encuentro de esas tribus urbanas, pero es cierto que simpaticé con los retratados, sintiendo casi envidia. Porque más que acercarme a otro mundo al que no pertenezco, habla de la persona que nunca seré. Trata del hecho incontestable de que nunca haré una acrobacia subida en un patín, y que jamás sentiré el vértigo de montar una ola de dos metros, de que nunca formaré parte de una banda de raperos.

Aquella música me obliga a mover mi cuerpo al ritmo de los versos barriobajeros de algún cantante de rap, mientras me enfrenta a las opciones de vida que observo en la distancia.