Amanece
December 19, 2008
Azotea del Círculo de Bellas Artes de Madrid. Foto de eltercero.
Amanece en Madrid. La única ventaja de la polución es la intensidad que añade a sus amaneceres. La ciudad arde preludiando el caos, el fin, en el comienzo del día. Es bonito.
Nunca amanece en silencio, es cierto, pero le falta poco. Eso supone que un porcentaje elevado de habitantes no percibamos el ruido al cantemplarlo, lo cual es extraordinario.
No quiero que Madrid despierte. Si de mi dependiese, hoy dejaría a los quiosqueros ordenando sus periódicos, sin decidirse a abrir. Mi familia dormiría tranquila, las lavadoras yacerían muertas, los teléfonos ahorcados. Mi café no se acabaría nunca. No se me cansaría la vista delante del ordenador. No perturbaría a nadie con mi voz, ni escucharía a nadie.
Hoy no vería ninguna luz navideña. Pasearía por la calle San Mateo con el color naranja deslumbrando mis retinas. Con frío, metería las manos en los bolsillos. Ya en Fuencarral, las tiendas cerradas verían cómo paso, con los ojos hinchados, indiferente a sus ruegos. En esa zona de Madrid la mirada no depende de ti. El ritmo no es el tuyo y menos en diciembre. Las luces de los bajos te gritan con violencia, direccionando tu perfil.
Pero hoy, al llegar a la Gran Vía, me fijaría por primera vez en sus tejados, observaría en lo alto sus esculturas cobardes, sus dioses suicidas, que cuentan hasta tres sin atreverse a saltar.
Sin prisa, me sentaría en un banco del centro. Mis pensamientos invadirían el espacio con nitidez. Al escucharme, sentiría quizá miedo, pero me quedaría allí hasta el ocaso.