El coloso
September 4, 2008El historiador no conseguía conciliar el sueño. Las ojeras le invadían la mirada y los pesados párpados cumplían su cometido sin motivación, como funcionarios a punto de jubilarse. Hasta aquella llamada, consideraba como acertado cada uno de los pasos tomados; la Historia y un elenco de seguidores corroboraban su palabra, como no podía ser de otra forma cuando las piezas encajan. Cada fecha, cada nombre, cada pincelada, confirmaba los hechos que su escritura hacía resurgir de las sombras. Más de treinta años catalogando artistas y obras perdidas… no podía creer que su favorito, la cúspide de su fe, fuera el que ahora lo cuestionase.
Esa mañana fue andando al museo. El médico se lo había recomendado y no parecía que hiciera demasiado calor por las calles del centro. Desde luego evitaría la puerta principal, no le apetecía encontrarse con la prensa de frente. Mientras pensaba en ello, un instante de vértigo abrío la acera bajo sus pies.
Mañana intentaría dormir.

(El Coloso, 1808-1812, anteriormente atribuído a Francisco de Goya y desde junio de 2008 a Asensio Juliá, no se sabe con certeza. Museo del Prado)